28.2.09

Crepúsculo



Twilight (2008)

Título en castellano: Crepúsculo

Duración: 121 minutos
Género: Romance

Directora: Catherine Hardwicke
Actores: Kristen Stewart, Robert Pattinson
Banda sonora: Carter Burwell

Crítica:

Espero no tener ningún resentimiento personal hacia “Crepúsculo”. Hasta que no apareció en cartel no sabía que existía una película sobre vampiros pop, así que cuando caí al cine casi no tenía idea sobre lo qué me iba a enfrentar. Es triste que se pareciera tanto a un cuento que había pensado desarrollar, sobre un vampiro argentino adolescente que trata de ocultar su identidad a la vez que experimenta los tormentos del amor, acompañado por poderes extraordinarios y música moderna.

Por cierto, esa caída al cine fue de lo más rara: no sólo yo parecía la única persona mayor a veinte años en la sala, sino que nunca antes había estado en una proyección con tanto ruido, voces, piropos y cámaras fotográficas. La intención de mis ruidosos compañeros de cine parecía ser capturar el único momento de beso entre Bella (Kristen Stewart) y Edward (Robert Pattinson), un beso casto y distanciado, pero beso al fin.

La historia es interesante, lástima que no su desarrollo. Pero no importa, viene al caso que se enteren de qué va: Bella es una chica un tanto torpe pero muy bonita que se acaba de mudar al remoto pueblo de Forks, en el estado de Washington. Preocupada por no poder hacer amigos, cae en la cuenta de un día para el otro lo hermoso que es Edward Cullen (Robert Pattinson), calificado de freak por todos sus compañeros. La atracción que sienten Bella y Edward es más obvia que el resultado de sumar dos más dos, pero la película se hace la interesante retratando las pobres expresiones del joven Robert Pattinson (antes presente en la cuarta entrega de Harry Potter) y el exceso de tics de Kristen Stewart (que a pesar de todo compone un personaje muy creíble).

Me consterna bastante que hubieran modificado tanto la naturaleza de los vampiros, hasta hacerlos una especie de Supermen de los bosques estadounidenses. Un vampiro normal es inmortal, puede convertirse en murciélago, detesta la noche y podrías presentarlo a tu abuelita sin que notara que es un bicho sediento de sangre. Los vampiros de “Crepúsculo”, en cambio, no tienen más características positivas porque la película dura tan sólo dos horas: tienen superfuerza, pueden ver el futuro, brillan como una linterna cuando están a la luz del sol y juegan béisbol.

¿Cuál es el mensaje de la película? Quizás les parezca que es tonto buscarlo cuando se trata sin dudas de un típico producto norteamericano destinado al consumo descerebrado. Quizás sea así, pero supongamos un momento que no. La película está desarrollada con una buena música moderna, una acción poco novedosa pero más o menos bien llevada, y diálogos malos pero no del todo descabellados (no obstante, voy a anunciar el Premio a la Peor Línea de una Película 2008. Edward explica que los vampiros de su familia viven a base de sangre de animales, y agrega: “Somos como vegetarianos: tenemos buena salud, pero nunca estamos satisfechos”. No voy a agregar una letra más al respecto. Ni una).

La película es básicamente una historia de freaks, de distintos tipos de freaks. Por un lado están los convencionales amigos de Bella; por el otro, tribus indígenas que no son muy bienvenidas; en la otra esquina, una serie de vampiros; y en medio, Bella, que entró de lleno a la ciudad de Forks y tiene que decidir a cuál de estos grupos quiere pertenecer. Los vampiros, la elección obvia, parecen más que perfectos: no sólo tienen todas esas características que mencioné antes, sino que son sofisticados, necesariamente bellos, y como si fuera poco, ricos. En un momento, la acción que se venía desarrollando con cierta intriga se convierte en una ridícula presentación de la protagonista a la familia de su novio, y la magia se disuelve en el aire tal como había aparecido.

Mi teoría es que los vampiros Cullen son mucho más que gente interesante: son una “raza superior”. Son un conjunto de poderosas personas que reúnen en su interior al prototipo de la clase alta: son blancos, pálidos; son educados y tienen un buen gusto por el arte; viven en una casa moderna llena de libros de “alta cultura”; el padre de la familia es un médico con conexiones políticas; tienen un auto de lujo; y, sobre todo, quieren ser la típica familia norteamericana. ¿De qué otra manera se explica que jueguen al bésibol? Representan, en una palabra, la elite.

¿Y qué hay del otro lado? Nada que pueda seducir a Bella. Los “vampiros malos” parecen pandilleros (y por ende, de clase baja), tienen malos modales y se visten de manera que parece premeditadamente desaliñada. También podríamos analizar a los compañeros de clase de la heroína: son bastante estúpidos, grises, y, apenas aparecen en escena los Cullen, se convierten en meros adornos de fondo que parecen tener vidas carentes de dirección. Y, por último, los Quileute, la tribu indígena que dice descender de los lobos. Un apuesto y joven muchacho llamado Jacob Black trata desde un principio de seducir a Bella con su carácter sencillo y amable, pero la jovencita está demasiado ocupada por la hipotética mordida de Edward como para prestarle atención. Al final, sin ninguna explicación, Bella rechaza a Jacob y se queda con su vampiro-superhombre.

La lección es, entonces, que de entre todos los freaks existentes, los que tienen plata son los mejores. Es un mensaje patético y perturbador. Más allá de que el film no es perfecto (es cursi y estereotipado), hubiera sido un entretenimiento digno de no ser por su punto de vista tan elitista. Aunque lo que voy a decir me va a poner como enemigo eterno de las adolescentes que sacaban fotos en el cine, queda aún un misterio más grande: ¿Por qué Bella se iba a quedar con el mimo de Edward Cullen, pudiendo elegir al apuesto y sonriente Jacob Black?

Nota final: 4/10

Críticas de Rottentomatoes.com: 49%

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Entrevista con el vampiro



Interview with the vampire: the vampire chronicles (1994)

Título en castellano: Entrevista con el vampiro

Duración: 123 minutos
Género: Drama ­/ Fantasía

Director: Neil Jordan
Actores: Tom Cruise, Brad Pitt, Kirsten Dunst, Antonio Banderas
Banda sonora: Elliot Goldenthal

Crítica:

Imagínense que son Anne Rice, y que acaban de terminar una novela que consideran estupenda, “Entrevista con el vampiro”. El éxito de ventas los obliga a pensar en una versión cinematográfica, y llegó la hora de elegir a un posible director. ¿Quién va a ser? La señora Rice de hoy en día debe recordar una larga historia de adaptaciones fallidas, o bien extrañas.

Por ejemplo, ¿qué hubiera pasado si Ursula Le Guin, la escritora de fantasía y ciencia ficción, le hubiera dado permiso a George Lucas para que adaptara “Terramar”? El resultado seguramente hubiera tenido un guión mal escrito, decenas de efectos especiales y una increíble habilidad para atraer fans. Sin embargo, Le Guin le cedió los derechos a Goro Miyazaki, y el resultado fue un animé.

Es penoso no tener demasiadas cosas buenas para decir de una película. “Entrevista con el vampiro” cuenta la historia de Louis (mal actuado por Brad Pitt), un muchacho que sufrió la pérdida de su esposa y su hijo, y por lo tanto no tiene motivos para vivir. En su derrotero, es asaltado por el vampiro Lestat (Tom Cruise), que lo convierte en uno de su especie y en compañero de desventuras. Entre los dos nace una relación tormentosa, marcada por el sinsentido de la eternidad que siente Louis, y después de la aparición de personajes varios (Antonio Banderas, Kirsten Dunst) y de viajes a lo largo del mundo, el film concluye con un típico final de película de terror.

Neil Jordan, el director, estuvo a cargo de películas aclamadas como “The crying game”, “Michael Collins” y “The end of the affair”, así que no podemos afirmar caprichosamente que sea una persona sin talento. Sin embargo, en este film las cosas pasan como por inercia: las caras de los principales son siempre sobreactuadas, el guión se pierde interminablemente en escenas de violencia que no es ni estilizada ni tampoco horrorosa, y da terribles vueltas en torno a temas que no terminamos de sentir como importantes (si el drama de Louis es ser inmortal, algo que nosotros no podemos experimentar, ¿por qué no tratar al menos de acercarlo un poco al espectador?).

No hay mucho más para acotar. Sin embargo, en un acto de desafío a la poca personalidad directoral de Jordan, me permito hacer tres vuelos de fantasía, tres “¿qué hubiera pasado si...?” con algunos célebres nombres de la industria cinematográfica.

¿Se imaginan qué festival de rarezas hubiera sido “Entrevista con el vampiro” si el encargado hubiese sido Tim Burton? Ni hablar que uno de los dos vampiros hubiera sido Johnny Depp, todavía no acompañado por Helena Bonham Carter, pero sí por algún actor mucho menos inexperto que Pitt. El vampiro de Depp hubiera sido un seductor, extraño y lleno de tics, pero hubiera llevado adelante una historia divertida y repleta de estrambóticos escenarios, convirtiendo a las absurdas matanzas de Jordan en algo a la vez épico y memorable (también cabe la posibilidad de que hubiera terminado en un desastre del tamaño de “El planeta de los simios”, cosa que siempre puede pasar...).

¿Si en cambio hubiese dirigido David Lynch? Ya sé, Lynch no tiene absolutamente nada que ver con los vampiros, pero ya estamos aquí, sigamos para adelante. La música hubiera sido horrible pero precisa, a cargo de Angelo Badalamenti, y los protagonistas hubieran sido un amenazante Dennis Hopper como el vampiro Lestat y un inocente Kyle MacLachlan como Louis. La trama (ubicada en algún pueblito del norte de EEUU) hubiera explorado de manera críptica pero probablemente interesante las perversiones sexuales de la pareja principal, a la vez que se hubiera hecho cada vez más perturbadora y aterradora, finalizando de manera poco convencional. Oh, y con un corto de hombres vestidos de murciélagos metido en algún momento.

Y ya que estamos, ¿por qué no implicar a Pedro Almodóvar en todo esto? Antonio Banderas (ya presente en la película) y un casi niño Gael García Bernal hubieran sido Lestat y Louis. En medio de música estridente, los vampiros se hubieran enamorado, peleado y separado a lo largo de una extensa trama de dos horas, que incluiría mención a drogas, algún que otro asesinato y obras de ópera, y finalizaría de alguna manera grandilocuente (y un tanto chocante) en París, en vez de hacerlo en la moderna San Francisco. Aunque, bien pensado, la adaptación quizás hubiera sido demasiado melodramática para mi gusto.

De todas formas, “Entrevista con el vampiro” hay una sola, y está a cargo de Neil Jordan. Una pena que no levantara más vuelo.

Nota final: 3/10

Críticas de Rottentomatoes.com: 59%
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27.2.09

Drácula: páginas del diario de una virgen



Dracula: pages from a virgin’s diary (2002)
Título en castellano: Drácula: páginas del diario de una virgen

Duración: 75 minutos
Género: Cine de autor

Director: Guy Maddin
Actores: Zhang Wei-Qiang, Tara Birtwhistle, David Moroni, CindyMarie Small, Johnny Wright
Banda sonora: Gustav Mahler

Crítica:
¿A quién le tienta la idea de ser raptado por un hombre lobo? De entre todas las criaturas mitológicas, monstruos, bichos de la noche y seres sobrenaturales, los vampiros son los más llamativos y tentadores. Por mencionar algunas de sus virtudes: no-muertos, seductores, sofisticados, aterradores, enamoradizos, complejos, violentos y misteriosos. Esta semana la dedicamos a nuestros queridos vampiros, y nada mejor que empezar por el vampiro por excelencia: el conde Drácula.

No voy a hablar de “Bram Stoker’s Dracula”, sino de una pequeña película (por su duración) de gran espíritu: “Dracula: páginas del diario de una virgen”, dirigida por el canadiense Guy Maddin. Ya la portada, que muestra al personaje de Lucy en blanco y negro con unas exageradas letras en rojo, indica que estamos frente a algo original y distinto. En efecto, si no les gusta el ballet quizás no les atraiga ver una obra sin diálogos hablados, monocroma y llena de danza. Maddin le hace homenaje a las viejas películas de terror, y combina en partes iguales la admiración y la parodia por las cintas mudas.

La historia, basada en la novela de Bram Stoker, sigue un lineamiento clásico: la bella Lucy, a punto de casarse con uno de sus tres pretendientes (todavía no sabe cual), tiene horribles pesadillas sobre la invasión “del Este” que llega a su país en forma del conde Drácula. El cómplice del conde, un hombre “devorador de insectos” llamado Renfield, salta insistentemente en su prisión para dar la bienvenida al maestro de los vampiros, que pronto asalta a nuestra heroína y la deja en un estado de locura. El conde Van Helsing (interpretado espléndidamente por David Moroni) declara que la única forma de acabar con los tormentos de la ciudad es exterminar al vampiro, así que recluta a los tres pretendientes y parte a la guarida armado con antorchas y cuchillos.

Sin embargo, todas estas acciones se desarrollan sin que se escuche una sola palabra; de vez en cuando aparecen enormes carteles en que leemos los diálogos, pero de una manera intencionalmente sobreactuada y pomposa. Cada pequeño movimiento del guión es una excusa para el baile, y los personajes se la pasan moviéndose con enorme gracia de un lado a otro de la pantalla. Aunque a veces el efecto es más bien cómico (como cuando las criadas llenan de ajo a la pobre Lucy), la danza se va convirtiendo más y más en un elemento de grandeza, hasta llegar al dramático y espeluznante final.

La película es breve (75 minutos), pero aún así se siente larga en algunas partes, sobre todo en la bonita pero excesiva escena de baile entre Harker y Mina. La música está entre las más bellas que se hayan escuchado en el séptimo arte (obra de Gustav Mahler), y aporta un aire de ligereza pero profunda armonía a la imagen. De hecho, quedé impresionado por el solo efecto de las melodías en escenas que, de otro modo, hubieran sido mucho más secas. Durante la primera media hora, la sensación es de un optimismo sin freno, donde no importa lo terrible que sea la amenaza de Drácula, los protagonistas parecen siempre bajo la protección del paternalista Van Helsing. Aún así, mientras más se acerca la hora de derrotar al vampiro más se incrementa la tensión y el aire sinfónico de la partitura.

Maddin demuestra no sólo un amor sincero con la música, sino también por los trucos de las filmaciones viejas. Aunque se cuelan por aquí y por allá algunas triquiñuelas hechas por computadora (como la sangre roja en medio del blanco y negro), los realizadores se encargaron por todos los medios de que creyéramos que estamos viendo una obra antigua, y así aparecen cosas como escenas recicladas, superposiciones entre dos imágenes muy rudimentarias, cuadros teñidos de colores y efectos especiales un tanto toscos. Vean, por ejemplo, la primera aparición en grande de Drácula: la música es majestuosa, el momento es extático, y sin embargo, mientras más se acerca la cámara más se arruina la imagen. Como en los viejos tiempos.

La primera recomendación sobre los vampiros es la más rara de todas. Para verla, necesitan disfrutar del ballet, de las historias clásicas, de la buena música y, sobre todo, de un autor apasionado con lo que hace.

Nota final: 8/10

Críticas de Rottentomatoes.com: 86%
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25.2.09

Milk



Milk (2008)

Duración: 128 minutos
Género: Testimonial

Director: Gus Van Sant
Actores: Sean Penn, Emile Hirsch, Josh Brolin, James Franco, Diego Luna, Alison Pill
Banda sonora: Danny Elfman

Crítica:

Este es el film más político de Gus Van Sant, si no el único verdaderamente político. No se anda con pequeñeces y retrata la vida y la muerte de Harvey Milk, el primer político abiertamente gay en ganar un puesto público en EEUU. Conocido como “el alcalde de la calle Castro”, empezó de manera sencilla reuniendo amigos en un local de fotografía, y terminó siendo una de las figuras más visibles y polémicas de fines de los 70s. Que hable sobre la homofóbica Proposition 6 (una ley que permitía expulsar a docentes gays y lesbianas de las escuelas) cuando en California se acaba de prohibir los matrimonios gays no es ninguna coincidencia.

La película empieza con alto vuelo al mezclar imágenes de los 70s con recortes de diarios sobre la homofobia constante de las autoridades. La policía es la gran enemiga a lo largo del film, y no sin buenos motivos, ya que era la que llevaba a cabo las redadas en los clubs y arrestaba a los concurrentes. Inmediatamente después (como ya es un cliché en las biopics) escuchamos un informe sobre la muerte del alcalde de San Francisco y del activista gay Harvey Milk, mientras vemos al personaje de Sean Penn grabando un discurso para la posteridad. La tranquilidad y alegría con que Penn encarna a Milk es muy diferente a los papeles neuróticos que había tenido hasta la fecha, y la transformación es tan creíble que rápidamente se convierte en una presencia natural en la escena.

El guión, escrito por el joven Dustin Lance Black, está lleno de detalles interesantes y anécdotas enriquecedoras: desde el encuentro súbito entre Milk y su futuro novio Scott Smith (interpretado de manera particularmente tierna por James Franco) hasta una exploración muy meticulosa de sus estados de ánimo durante las elecciones. Aunque los eventos parecen superponerse por la velocidad a la que van, las excelentes actuaciones y los buenos diálogos merecen nuestra aprobación.

Y las cuestiones interesantes no se detienen ahí. Por ejemplo, puede que el clima de los setenta nos parezca diferente, pero Scott Smith da en la tecla cuando obliga a Milk a reconocer que no todos los lugares son San Francisco: ¿cómo se atrevería a salir del placard una persona perdida en medio de un pueblo conservador si hasta podría perder la vida? Y si miramos en la actualidad, en demasiados lugares la situación es parecida. Afortunadamente, la tasa de asesinatos está bajando (esperemos que desaparezca), pero, ¿qué sentido tiene una vida si esa vida está marcada por el desprecio y la aislación? “Milk” reflexiona sobre la visibilidad, el amor (y el odio) y los caminos de la política.

A nivel artístico, en promedio, los resultados no son del todo halagadores: después de dirigir películas provocativas y novedosas, Gus Van Sant se vuelve demasiado convencional. Si bien como dije los primeros momentos son intensos y muy bien cuidados, da la sensación de que, a medida que transcurren las escenas las cosas se van poniendo más rutinarias, más episódicas, y el final termina siendo bastante más tibio de lo que cabría esperar. Sin contar que, en un afán de abarcar tanto la vida pública de Milk como la privada, Van Sant termina no dedicándose suficientemente a las dos, y la visión es un tanto parcial. Aunque las fórmulas clásicas pueden explotarse bien, por momentos da la sensación de que estamos frente a una biopic más.

Creo que tiene que ver con la intención política: no sólo hay un actor de la talla de Sean Penn para representar correctamente a Harvey, sino también para atraer a los bolsillos de la gente. Y si las cosas no son más arriesgadas se debe posiblemente a que la intención es llegar al amplio público. El resultado está claro: por momentos la película suena a demasiado instructiva, y si bien emociona, lo hace de manera algo forzada. Pero lo importante está: instala la reflexión, consigue el rechazo de la discriminación, enseña sobre una figura importante de la historia del movimiento LGBT y nos da una experiencia satisfactoria.

Hubiera preferido que Milk ganara. Más (evidentemente) que “Slumdog millionaire”; más que “El curioso caso de Benjamin Button” (aunque en mi opinión esa es mejor). Porque hubiera significado un reconocimiento importante a una obra tan militante y comprometida (no es que los Oscars sean tan importantes, pero de seguro que ayudan a difundir cosas). Es verdad que como película es quizás muy simple, y a veces hasta un tanto tediosa. Pero que la prefiera como mejor película del año pasado es definitivamente una maniobra política.

Nota final: 7/10

Críticas de Rottentomatoes.com: 93%
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22.2.09

El curioso caso de Benjamin Button



The curious case of Benjamin Button

Título en castellano: El curioso caso de Benjamin Button

Duración: 165 minutos
Género: Drama

Director: David Fincher
Actores: Brad Pitt, Cate Blanchett, Taraji Henson, Julia Ormond, Jared Harris, Tilda Swinton
Banda sonora: Alexandre Desplat

Crítica:
El tema es la fugacidad del tiempo. Pero creo (a riesgo de ser demasiado arrogante) que tanto los detractores como los partidarios de la película se centran demasiado en contar la cantidad de Oscars a la que está nominada. Las estatuillas suelen pesar para mal: si pensamos qué otras películas tuvieron 13 nominaciones nos vienen a la mente cosas tan poco halagadoras como “Forrest Gump” o “La comunidad del anillo”. Tratemos de echar una mirada diferente.

Benjamin Button nace el mismo día en que se instala un reloj extraño en una estación de tren. El inventor del reloj explica que sus manecillas giran hacia atrás porque, al haber perdido un hijo en la guerra, desearía que existiera un mecanismo para regresar el tiempo y corregir los errores. Sin embargo, su deseo “funciona” de una manera extraña, ya que Benjamin Button pareciera estar bajo el influjo del reloj, de alguna manera fantástica, y a diferencia de todos nosotros, nace arrugado y achacoso. Su aspecto anciano provoca el rechazo de su padre, que lo abandona a la suerte de una empleada negra llamada Queenie (una gran actuación de la siempre conmovedora Taraji Henson).

Button (Brad Pitt) parece un niño por su tamaño pero sufre múltiples problemas de la vejez: está casi ciego y no puede caminar bien, y eso hace que las personas que lo rodean le den poco tiempo de vida. Sin embargo, esas mismas personas están sometidas al movimiento del tiempo; ya que Queenie trabaja en un asilo, la muerte es una visitante frecuente, y sólo la madre adoptiva puede darse cuenta que su hijo está rejuveneciendo cada vez más.

Aunque el mecanismo con que se mueve la historia parezca absolutamente inverosímil, el hecho de que el mismo título lo califique de “curioso” hace que los personajes vean a Benjamin como una criatura extraña, pero no fuera de lugar. La habitual frialdad y racionalidad del talentoso director David Fincher permite centrarse en explorar la existencia de Benjamin Button, y consigue la gran hazaña de retratar una vida completa en tres horas. Aquí está una falla que me parece tienen los apologistas: dicen que se trata de una película “con mensaje”, que destaca que en la vida hay cosas buenas y malas, y que es mejor disfrutar lo que uno tiene. Sin embargo, estoy totalmente en desacuerdo.

Para pensar: uno de los eventos más importantes de la vida de Benjamin es la aparición de Daisy (la sensual y adorable Cate Blanchett), de la que se enamora perdidamente con resultados dispares. Aunque el romance pasa por momentos turbulentos y sinceros (la química entre Pitt y Blanchett es muy convincente), su felicidad se ve turbada continuamente por el transcurso de los años y por las dificultades que traería una mujer anciana cuidando de un Benjamin Button que va en camino hacia la niñez. A pesar de que la película dura casi tres horas y de que los eventos son contados con una profunda calma, la sensación de que el tiempo se escapa del poder de todo el mundo es constante, y me parece entonces que “el mensaje” (más bien, el tema que trata) es la desesperante brevedad de la existencia.

Salpicado por momentos memorables (las últimas escenas son una sucesión de sorprendentes revelaciones), el guión se las arregla para no ser ni demasiado explícito ni demasiado moralista, aunque de vez en cuando cae en momentos innecesarios como la aparición de un colibrí (que es un elemento recurrente y poco pensado) o la lectura de las cartas que envía Button. Al mismo tiempo, aunque como dije lo importante parece ser el transcurso de los años y no el artificio de rejuvenecer a Pitt, en última instancia su “curioso caso” aparece un poco eclipsado por otros asuntos más convencionales.

Disiento con las críticas que dicen que es un film esperanzador. Como recién opiné, la búsqueda del mensaje terminaría en un punto en el pesimismo, y estoy seguro que no es lo que los votantes de la Academia prefieren. Sin embargo, no se trata de pesimismos y optimismos, sino de una cuestión tan profunda como los movimientos del reloj. David Fincher demuestra una vez más su meticulosidad, su sentido del humor un tanto macabro, su mano maestra para evitar la manipulación emocional del público, y el sofisticado empleo de mecanismos visuales que intensifican el realismo de una historia tan imaginativa. El resultado es una aproximación poética: el tiempo es tratado con tal belleza y tal preocupación por la existencia de los personajes que el efecto es en sí mismo revitalizante. No se trata de dar una vana esperanza, sino de ver cada etapa de la edad con un ángulo nuevo, revelador. Y genuinamente emocionante.

Los invito a mirar a su alrededor cuando salgan del cine: quizás les suceda como a mí, y queden extrañados por la variedad de caras y la cantidad de historias que encierran las personas en movimiento. “...Benjamin Button” es un film abrumador, triste y poderoso, pero con la delicadeza tal como para tratar algo tan sutil como la fugacidad del tiempo.

Notal final: 8/10

Críticas de Rottentomatoes.com: 71%
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Slumdog millionaire



Slumdog millionaire (2008)

Título en castellano: ¿Quién quiere ser millonario?

Duración: 120 minutos
Género: Drama romántico

Director: Danny Boyle
Actores: Dev Patel, Freida Pinto, Anil Kapoor, Madhur Mittal
Banda sonora: A. R. Rahman

Crítica:

El inclasificable Danny Boyle ataca de nuevo, esta vez con una sorpresiva mezcla de miseria extrema y un espeluznante juego de preguntas y respuestas. El argumento gira en torno al destino de Jamal Malik, un joven musulmán que está siendo torturado por agentes de la policía de Mumbai. Mientras esto sucede, leemos cuatro posibilidades por las cuales Malik está a punto de convertirse en millonario. Sin embargo, el verdadero interrogante no es este. Resulta que la policía quiere saber cómo un indigente ignorante es capaz de no equivocarse nunca en el juego “¿Quién quiere ser millonario?”. Malik dice la verdad: es todo casualidad, él no se preparó para participar, es simplemente que todas las preguntas que le hacen están relacionadas con sucesos de su vida.

Regresemos: Malik no es un chico inteligente, sólo tuvo suerte. El argumento suena un tanto inverosímil, pero casi no hay tiempo de analizarlo porque las explicaciones del adolescente se interrumpen por una sucesión de imágenes de violencia, pobreza y acción. Sin embargo, no nos dejemos apabullar, más bien analicemos qué es lo que Danny Boyle nos quiso decir con su premiada película.

Opción A: “Es una crítica social a la vida indigna que llevan los pobres de Mumbai”. Podría ser: en una de las primeras escenas, una horda de hindúes enfurecidos atacan la villa de Malik y quema a sus habitantes sólo por tener una religión diferente. Más adelante, una siniestra banda de adultos recluta niños para que recolecten monedas y de paso tengan el aspecto más lastimoso posible. Sin embargo, la película no hace reflexiones al respecto, está demasiado ocupada en mostrar las “aventuras” de Malik al ritmo de la música pseudo-techno como para preguntarse de dónde viene tanta bajeza. En definitiva, la pobreza es meramente decorativa. Esto no es algo negativo, porque quizás nos hable del carácter bondadoso del protagonista. Descartada la opción A, analicemos la segunda, que tiene que ver con algo más optimista.

Opción B: “Es el triunfo de la virtud por encima de la adversidad”. Malik es un sobreviviente, y si ahora está participando en un programa de televisión para hacerse millonario es porque probablemente hizo algo para merecerlo. Sin embargo, ¿cuál es la virtud de Malik? Es pícaro, es simpático y tiene buena memoria. Pero ninguna de esas cosas lo ayuda a ganar: solamente sabe las respuestas por casualidad. Entonces, la película no tiene ninguna clase de moraleja, sino que se trata de un viaje probablemente de menor trascendencia. Atención, que esto tampoco es negativo per se. Malik es una persona amorosa, es verdad. Pero cuando responde problemas no hace uso de su amor. Entonces, la razón debe estar en otro lugar.

Opción C: “Es una historia de amor”. Aunque las casualidades son las que impulsan a Malik a progresar, más que sus propios méritos, él mismo tiene una misión, y consiste en recuperar a un amor perdido de la infancia, la bella pero esquiva Latika. Durante años, de manera quizás excesivamente edulcorada, Malik recuerda que dejó a Latika en manos de unos asesinos. Años después, regresa a buscarla numerosas veces (ocasión que Danny Boyle aprovecha para hacerse el emotivo), pero Latika está muy poco convencida de que le convenga estar con él. No tiene espíritu de lucha: prefiere su seguridad antes que dar la vida por su enamorado. Su emoción parece muy impuesta, y sólo busca a Malik cuando éste es un famoso participante de la TV. Como romance, no resulta ni convincente ni sincero. Pero Danny Boyle tiene un último as en la manga.

Opción D: “Es un cuento de hadas”. Puede ser: los “enemigos” son todos poco creíbles, y aparecen y desaparecen a cada rato... como en un cuento de hadas. Latika, que representaría a la princesa, es un objeto inerte, como sucede en los cuentos de hadas. Y hay una cierta magia que hace impulsar al héroe. Pero, ¿qué cuento de hada necesita de tremendas imágenes de gente incinerándose y niños sin ojos para entregarnos algo? Además, ¿ese “algo” vale la pena? Aquí no hay encanto posible: se trata de seres que actuán impulsados por el “destino”, sea lo que sea esto, y ese “destino” impuso que sucedieran cosas tan innecesarias como la imagen final del hermano de Malik o las torturas descabelladas e inverosímiles que llevan a cabo los policías. El “destino” quiso que Malik viviera todas esas desgracias, y la recompensa es dinero. Nada más que eso.

Hay que agregar que el desarrollo es repetitivo, la música es invasiva, las actuaciones son limitadas (¿por qué diablos Malik es tan arrogante?), los diálogos son sólo clichés y las únicas emociones que se desprenden son manipuladas y forzadas.

La respuesta, en mi opinión, es la Opción E: Danny Boyle supersimplifica una posible realidad social, una posible moraleja, un posible romance y un posible encanto para entregarnos un objeto que juega con fuego, pero cuya única finalidad es divertirnos. Sostengo que es una diversión indigna, que convierte la miseria en un mero divertimento y reduce a sus personajes a una dimensión carente de voluntad propia.

“Slumdog millionaire” no funciona en ninguna de sus hipotéticas interpretaciones. Respuesta final.

Nota final: 3/10

Críticas de Rottentomatoes.com: 94%
http://www.rottentomatoes.com/m/slumdog_millionaire/

19.2.09

Transamerica



Transamerica (2005)

Duración: 103 minutos
Género: Comedia dramática

Director: Duncan Tucker
Actores: Felicity Huffman, Kevin Zegers, Graham Greene, Fionnula Flanagan
Banda sonora: David Mansfield

Crítica:

Nuestro recorrido por las cinco nominadas a Mejor Película en los Premios Oscar 2005 llegó a su fin. Pero hacía falta completar un sexto lugar, y además necesitaba una buena recomendación para esta semana. Ya que comentamos que el tema gay-lésbico-transexual estuvo muy presente en ese año, me pareció adecuado traer esta simpática e inteligente road-movie al tapete.

El film se sostiene en gran parte debido a la sorprendente y muy comprometida actuación de Felicity Huffman (conocida por su rol en la serie “Desperate Housewives”), a quien le toca interpretar el papel de una transexual llamado Bree, que está a punto de someterse a una vaginoplastia. Aunque no podría decirse que su vida es la más feliz del mundo, ella sobrelleva con la ayuda de su psicóloga el proceso de reasignar completamente su sexo. Sin embargo, la inesperada llamada de un chico que afirma ser hijo de Stanley (el nombre de nacimiento de Bree) lo cambia todo. Bree ni siquiera sabía que tenía un hijo, y por eso procura ignorarlo, pero su terapeuta le niega el permiso a la operación hasta que no se haya reconciliado con el pasado.

“Transamerica” está construida como un viaje, y su estructura general puede no parecer demasiado novedosa porque la premisa es la misma que la de tantas otras road-movies: el recorrido por las rutas es en realidad la exploración de uno mismo. Sin embargo, la película triunfa porque es capaz de crear personajes creíbles y en absoluto estereotipados, además de presentar situaciones sumamente originales. Por ejemplo, mientras que Bree es una persona educada, culta y muy tímida, su hijo es sociable, vulgar, y trabaja como prostituto bisexual en la calle. La química entre ambos es muy fuerte, y el trabajo del joven Kevin Zegers, aunque a primera vista no tan complicado como el de Huffman, es igualmente elogiable.

Por otra parte, ¿qué otro director es capaz de mezclar en el mismo guión a actores porno, indígenas enamoradizos, madres conservadoras y hippies, y salir triunfante? El guión nos sorprende constantemente con sus desopilantes personajes, sin que ningún momento nos parezca inverosímil. El sentido del humor es de mis preferidos: no te hace estallar a las carcajadas, pero te mantiene con una sonrisa por su inteligencia e ironía. Es cierto que algunas escenas parecen lentas o que a veces no suceden demasiadas cosas, pero el interés de ver cómo finaliza el viaje nos mantiene a la expectativa (vale decir también que el final es muy satisfactorio, considerando la cantidad de problemas que se plantean).

Además de ser conmovedora, “Transamerica” también es profunda: Bree no se plantea su identidad de género, pero tiene que enfrentarse a las personas que lo discuten: principalmente su familia, pero también algunas otras personas cercanas. Lo que sí tiene que preguntarse es si se siente cómoda en el “ambiente” transexual, algo que queda bastante claro cuando visita la casa de una amiga de su psicóloga. También se le permite plantearse su paternidad, su pasado y las expectativas que finalmente coloca en su hijo.

Esta película no es revolucionaria ni tiene un desarrollo infalible, pero queda mucho mejor parada en su aspecto modesto, y su alcance revelador. Acompañado de una agradable banda sonora, y con una destacable fotografía, este es un viaje que no podemos dejar de emprender.

Nota final: 8/10

Criticas de Rottentomatoes.com: 76%
http://www.rottentomatoes.com/m/transamerica/

Munich



Munich (2005)

Duración: 163 minutos
Género: Thriller

Director: Steven Spielberg
Actores: Eric Bana, Daniel Craig, Geoffrey Rush, Ciarán Hinds, Mathieu Kassovitz, Hanns Zischler
Banda sonora: John Williams

Crítica:

Con este proyecto en manos, el talentoso Steven Spielberg sorprende sobremanera a su fiel audiencia, sobre todo si miramos su producción anterior. Hasta ahora, la presencia de niños, las criaturas fantásticas y los acercamientos más bien conservadores hacia la sexualidad habían sido marcas registradas, con la excepción de su obra maestra, “La Lista de Schindler”, en la que pintaba un desgarrador relato sobre la supervivencia al Holocausto. Quizás “Munich” esté más en sintonía con “La Lista…” por su seriedad, pero su ataque al gobierno israelí pretende ser más político que humano, y pide desesperadamente una base intelectual para justificarlo. Esa base es lo que falta. Dudo que Spielberg quisiera levantar polvo innecesariamente atacando a Israel o mostrando mucha sangre, pero igualmente nos quedamos con la duda de qué nos habrá querido decir en realidad.

La película abre con una reconstrucción de los eventos ocurridos durante las olimpíadas de 1972, cuando fueron asesinados atletas israelíes a manos de un grupo de terroristas palestinos conocido como Septiembre Negro. Considerando la cantidad de dinero que los estudios dan a los proyectos de Spielberg, el realismo es tal que parece que estamos viendo un documental, y el efecto es aterradoramente palpable. Transcurrida la masacre, el gobierno israelí, presidido por Golda Meir, decide aplicar la ley del Talión y matar a once palestinos conectados a Septiembre Negro, como venganza por los once atletas asesinados. El líder del grupo ordenado por Israel, Avner (Eric Bana), no puede admitir sus conexiones con el gobierno de Meir, por lo que si está en apuros, debe valerse de sus propios medios para sobrevivir. La película se convierte en una salvaje excursión a lo largo de Europa y Oriente Medio para ultimar a los palestinos.

La tensión crece y decrece cada vez que el escuadrón se traslada de una ciudad a otra, creando una atmósfera sobrecogedora, pero a la larga motivando el tedio porque la lista de palestinos es larga, y la película dura más de doras horas y cuarenta minutos. Es innegable que realmente quedamos hipnotizados por el grado de violencia y desenfreno (sin llegar a los extremos de otros directores, desde ya) con que se nos relata la historia. Después de que se disipan el humo y las explosiones, sin embargo, la impresión que nos queda es triste: que acabamos de ver una película de acción de altísimo presupuesto.

Y, ¿es esa la idea? El director se obsesionó tanto con mostrar los apuros con que se arma una bomba en un edificio que pareciera que se olvidó de hacer juicios morales más explícitos. Esta película los necesita. Quien juega con fuego tiene que atenerse a las consecuencias, y es inaceptable que Spielberg haya tirado una piedra tan pesada para después ocultarse tras efectos especiales. Por supuesto, hay un mensaje claro: la violencia es algo desgarrador, y las personas que se ven envueltas en ella no salen limpias, ni siquiera el asesino más desalmado, como parece a veces ser Avner. Pero no necesitamos otra película más para saber eso: es algo dolorosamente cotidiano, para nosotros cuando prendemos el televisor, pero para miles de personas cuando se despiertan a la mañana en una zona de guerra. Es sorprendente que un judío haya lanzado golpes tan certeros contra el gobierno israelí, desde luego, pero la “inmunidad” que goza Spielberg por ser un director afamado y respetado no le da derecho a presentarnos el argumento débil y tambaleante que caracteriza a “Munich”.

No hay mucho material intelectual con el cual quedarse. Estoy seguro que las operaciones encubiertas no son tan rápidas y superficiales como las que se nos muestran aquí, y me parece además que las consecuencias son mucho más profundas que sólo flashbacks de una masacre. Las consecuencias son en realidad internacionales; aunque fueran supuestamente acciones aisladas y de personas desconocidas, creo que los espectadores merecemos una ideología más comprometida, un mensaje más claro y una exploración más atenta a los pormenores de un gobierno vengativo.

La película no es absolutamente hueca; no podemos dejar de afirmar que hay valentía en su realización. Pero termina desvirtuándose a sí misma por centrarse demasiado en hechos que no escapan a los clichés del cine de acción. “Munich” es atrapante y movilizadota, y por esto es también muy recomendable. Pero para un público exigente y despierto, quedará un vacío de compromiso que puede resultar injustificado.

Nota final: 7/10

Criticas de Rottentomatoes.com: 77%
http://www.rottentomatoes.com/m/munich/

Capote



Capote (2005)

Duración: 114 minutos
Género: Testimonial

Director: Bennett Miller
Actores: Phillip Seymour Hoffman, Catherine Keener, Clifton Collins Jr, Chris Cooper
Banda sonora: Mychael Danna

Crítica:

En noviembre de 1959, el escritor Truman Capote (Phillip Seymour Hoffman) lee un artículo en The Times acerca de un cuádruple crimen ocurrido en Kansas, y queda tan impresionado que decide viajar a documentar el caso, en compañía de su amiga y también escritora Nelle Harper Lee (Catherine Keener). Su intriga inicial se hace obsesión mientras más datos recolecta, y llega a pedir un permiso especial al detective encargado del caso (Chris Cooper) para visitar a los asesinos, que están esperando su sentencia de muerte. A lo largo de varios años y charlas con el condenado Perry Smith, Capote desarrolla una relación íntima y confusa, y concluye su mejor obra, “A sangre fría”.

La sobriedad de “Capote” sorprende y asusta a la vez. El trabajo de dirección es muy apropiado si consideramos que este es el debut de Bennett Miller con los largometrajes, y decididamente hay una implementación inteligente de un guión escrito con gran calidad, aunque también con una frialdad extrema. Un primer problema para apuntar es que la película continuamente se toma demasiado en serio, y nos da todos los elementos para crear una ambientación lúgubre y poco feliz (colores apagados, música de tonos bajos, escasos momentos de sobresalto), pero presentando al final un desarrollo argumental que no hace buena compañía, y en el que el dramatismo no abunda.

La forma en que se encara el personaje de Truman es el principal obstáculo para que la historia se nos haga pesada y aburrida. La interpretación de Hoffman es tan brillante como habrán escuchado o leído en cualquier medio del espectáculo; para cualquiera que conozca las maneras del verdadero Capote sabe que la voz chillona, la ropa extravagante y las poses afeminadas estaban a la orden del día. Quizás hay un poco de dificultad para crear una capa de sentimientos por encima de los tics del escritor, pero sin dudas Hoffman merecía su nominación al Oscar (en cuanto a ganarla, los roles de Heath Ledger en “Secreto en la Montaña” y Joaquin Phoenix en “Johnny y June” me parecieron más sorprendentes). Sin embargo, parece demasiado talento actoral para una cinta excesivamente lineal y carente de grandes emociones. Catherine Keener y Clifton Collins Jr son complementos perfectos, pero también sufren por tener roles apenas explotados.

La mayoría de biografías se debaten entre estar dedicadas a quienes conocen muy bien las vidas de los retratados (“Carrozas de fuego” es un ejemplo) o ser excesivamente superficiales y aptas para todo público (como “Frida”). Por suerte, ese difícil punto entre ser específico y ser amplio se puede lograr, como quedó demostrado en “Gandhi” o “Claroscuro”. Por desgracia, “Capote” no es tan sofisticada. Por un lado, constituye una aproximación muy tibia al escritor: sabíamos que era escandaloso, sociable y amante de las fiestas, pero aquí el único indicio que se nos da son una serie de escenas (que parecen de relleno) en las que se lo ve haciendo chistes. No hay desarrollo de otros aspectos más enriquecedores para comprender su vida, como el turbulento pasado familiar, la adicción a las drogas, o tan siquiera su relación con el mundo editorial. Por otro lado, si bien no pretende abarcar toda la vida de Truman, los momentos muy específicos que aborda son fríos y poco profundos.

Lo que es el centro emocional del film, la relación ambigua entre Capote y Perry Smith, está también tratado con una inseguridad asombrosa. Los directores que confirman rumores o inventan datos en sus películas a veces no salen bien parados, pero un poco de mejor focalización en la “amistad” de los hombres no hubiese estado mal. Está claro que ni el mismo Capote sabía qué sentía por Smith, pero el espectador no puede evitar sentir que se trata de un costado muy desperdiciado, y en el que se podría haber agregado más intriga.

Truman Capote puede llegar a ser una mina de oro en temas y situaciones interesantes, pero sólo en las manos indicadas. La impresión final de este film es que no escapa de la simpleza y la liviandad, y las pretensiones del director quedan muy por encima del resultado final.

Nota final: 5/10

Criticas de Rottentomatoes.com: 91%
http://www.rottentomatoes.com/m/1151898-capote/

Buenas noches y buena suerte



Good night and good luck (2005)
Título en castellano: Buenas noches y buena suerte

Duración: 90 minutos
Género: Testimonial

Director: George Clooney
Actores: David Strathairn, George Clooney, Patricia Clarkson, Robert Downey Jr, Jeff Daniels
Banda sonora: Dianne Reeves

Crítica:
Aunque a primera vista no lo parezca, esta película nos deja un interrogante enorme cuando termina: ¿Acabamos de ver un documental? Quizás lo pensemos por la enorme exactitud con que se recrearon los ambientes de los años cincuenta en Estados Unidos. O tal vez lo pensemos por lo lejos que se está de respetar los cánones tradicionales de un film: hay personajes, es verdad, pero no hay ritmo, no hay incentivos para seguir viendo… y eso es grave para cualquier historia que se precie.

La nominación de esta anodina obra a mejor película en los Oscar es bastante impresionante. Sabemos que George Clooney es una persona querida en Hollywood, y que además cualquier producto que exponga un aire patriotero al mundo es perfecto para los empresarios estadounidenses. Pero, ¿acaso nadie notó sus defectos? ¿Soy uno de los pocos que la repudia?

Es decir, la base en la que se funda es muy noble. Dicho en resumen, el periodista Edward Murrow, brillantemente interpretado por Strathairn, se enfrenta al senador McCarthy en su fanática cruzada por “purgar” a los supuestos comunistas del gobierno. Bueno, “se enfrenta” es un modo de decir: todos sabemos que el mundo del periodismo debería ser un campo pacífico de intercambio de opiniones, a pesar de que en la práctica las grandes figuras de la política pueden herirse e influir mucho a través de él. Es cierto todo eso. Pero, ¿le hace daño al relato si se lo ficcionaliza un poco? Nadie espera recibir una lección de historia completísima de Hollywood: el entretenimiento debe ser una de las metas, salvo para el director George Clooney, quien ignoró olímpicamente esta premisa y nos entregó unos noventa minutos que se hacen eternos por lo aburridos.

La principal falla es no presentarnos personajes humanos, sino meros robots. ¿Es que esta gente no tiene vida aparte de su trabajo de periodistas? Los únicos que más o menos tienen algo de humanidad son la pareja formada por Patricia Clarkson y Robert Downey Jr, pero incluso ellos no hacen más que estar juntos sin tocarse prácticamente, intercambiando con aire de honda indiferencia opiniones sobre lo que hace McCarthy. El equipo entero que denuncia a McCarthy se limita a filmar y a reunirse en un bar a leer las noticias, nombrando por el camino diez mil nombres que nunca se explican.

A medida que vemos, acostumbrados como estamos a películas más convencionales, imaginamos que el peligro se está por asomar. ¿McCarthy va a cerrar el canal? ¿Los opositores de la prensa pueden arruinarle la carrera a Murrow? ¿Las relaciones entre los miembros del equipo se van a deteriorar por el miedo a la censura? No, no, y mil veces no. El peligro nunca aparece; y no, no hace falta inventar nada: con “peligro” no quiero significar un ataque fantasioso que destruya el estudio de televisión, sino al menos un elemento de tensión que nos haga esperar con ansias el final.

Después de haber descargado mi enojo por el aburrimiento extremo que me provocó ver “Buenas noches y buena suerte”, me animo a confesar que no era un desperdicio total. Los aspectos más interesantes son decorativos, está bien, pero se nota que fueron hechos con un cuidado especial. El blanco y el negro de la imagen, sumado a la música tranquila y los decorados de los ‘50s dan una magnífica impresión de antigüedad. David Strathairn es carismático como Murrow, y la lección moral de decir la verdad a toda costa no cae en oídos sordos cuando la escuchamos.

A pesar de la aparente importancia del mensaje del director George Clooney, en realidad no estamos frente a algo muy novedoso que digamos. Atención, no estoy haciendo una apología de la ignorancia y de la falsificación de los hechos históricos; para nada. Sólo quiero notar que pensar a una película “dramática” como una fría descripción de sucesos es un despropósito. “Buenas noches y buena suerte” es gélida, cerebral, desalmada, torpe en su desarrollo y muy poco recomendable. Como anécdota final, recuerdo haber leído que un crítico felicitó a los productores por haber conseguido un actor tan parecido a McCarthy… cuando en realidad se usaron videos del verdadero McCarthy. Se nota que al crítico le pasó lo mismo que a nosotros: dormitaba.

Nota final: 4/10

Criticas de Rottentomatoes.com: 94%
http://www.rottentomatoes.com/m/1152019-good_night_and_good_luck